Lo que aprendí en Brasil

El pasado mes de mayo, tuve la enorme oportunidad y el privilegio de vivir y trabajar para una empresa brasileña especializada en consultoría con base en la ciudad de Belo Horizonte, capital del estado de Minas Gerais, al sur de Brasil.

Contrario a lo que muchos pudieran pensar, no fue nada fácil, al menos para mí, un hombre hogareño y apegado a su familia y su entorno, enfrentarse a un país desconocido, con un idioma y costumbres  muy distintas a lo que uno está acostumbrado.

Pero como todo en esta vida, son pruebas y retos que deben afrontarse con actitud y carácter.

Y esa es la belleza de viajar, te ayuda a valorar lo que ya tienes, y al mismo tiempo, te obliga a darte cuenta y desarrollarte en lo que estas fallando y en lo que te hace falta.

Un mes puede parecer muy poco tiempo para muchos, pero para mí fue suficiente para poder aprender un nuevo idioma, hacer nuevos amigos, visitar lugares increíbles, probar alimentos desconocidos, conocer profesionalmente a personas de distintos países, adquirir nuevos conocimientos, comprender una mentalidad diferente, superar  mis miedos,  darme cuenta de que uno puede estar lejos físicamente de las personas que uno quiere pero nunca en alma y corazón.

En fin, muchas cosas más que no tengo duda contribuirán a convertirme en una mejor versión de mí mismo en todos los sentidos.

Considero que no hay mejor manera de conocerte mejor a ti mismo, de crecer como persona, de valorar lo que se tiene y lo que no se tiene, que viajando.

Por lo que me gustaría terminar esta corta, pero muy personal columna, con una frase de la autora Miriam Beard que dice así:

“Viajar es más que ver lo que hay para ver; es iniciar un cambio en nuestras ideas sobre lo que es vivir que continúa en nosotros de manera profunda y permanente”.

El secreto está, en nunca dejar de buscar las cosas que lo hacen a uno crecer.

M.E. Rodrigo Correa San Martín

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